lunes, 4 de agosto de 2014

Fuegos artificiales.

Ni siquiera recuerdo el día en que le conocí. Tal vez sea porque nunca pensé que se convertiría en una persona tan importante en mi vida, o simplemente porque hace tanto tiempo que no recuerdo esos pequeños detalles como son las fechas, pese a que normalmente les dé mucha importancia.
Tenía, tiene, los ojos más azules que he llegado a conocer. Y esa peculiar capacidad de poder sacar lo mejor y lo peor de mi.
Era de esa clase de personas que se compran un café en los días fríos con el único fin de calentarse las manos. Me enseñó que si no luchaba por lo que quería, no valía la pena llorar por aquello que había perdido y que en ocasiones lo que echas de menos son ciertos recuerdos, y no a la persona que aparece en ellos (y que confundir estos dos conceptos podía ser doloroso).
Tenía los ojos azules, muy azules, y verle me hacía pensar en que así debían ser aquellas personas sobre las que se escribían canciones. Impredecibles, dulces y catastróficas. Aquellas que agradeces tener en tu vida cuando te das cuenta de lo difícil que es despedirte de ellas, cuando recordarlas es tan fácil como saberse la letra de tu canción favorita.
Recuerdo que un dos de agosto me dijo "¿Sabes? Es curioso lo poco que valen las palabras cuando llegan demasiado tarde". Y tenía razón.

lunes, 7 de julio de 2014

XX

Hace unos días me entretuve en leer palabras que escribí hace tiempo. Gasté horas embriagándome de frases y sentimientos que ahora se me hacen lejanos. O cercanos, tal vez. Ni yo misma lo se.
Debo reconocer que me sentí confusa, emocionada y feliz. Todo a la vez. Y del mejor modo posible.
Traté de atrapar mis propios pensamientos, buscando alguna explicación lógica a tantos cambios en estos últimos doce meses, y me frustró no encontrar ningún razonamiento con sentido (aunque frustrarme tampoco tenga demasiado mérito).
En este último año han cambiado tantas cosas que a veces dudo sobre seguir siendo la misma persona de antes. O sobre si sigo siendo esa misma persona a pesar de no seguir igual.
Supongo que son cosas que pasan. Que maduras poco a poco y te das cuenta de repente, como casi en todo. Y cuando te das cuenta algo dentro de ti se rompe, o se enciende, depende de como quieras verlo.
He aprendido que solo si corres el riesgo de ir demasiado lejos, aprendes realmente donde están tus límites, hasta donde eres capaz de llegar, y no creo que eso sea malo, en absoluto. También he aprendido que si realmente algo no te importase tanto no perderías tiempo hablando de ello, escribiendo sobre ello o simplemente pensándolo. Que el hecho de que no entiendas algo no implica que esté mal. Que el tiempo es una excusa para alargar algo que sabes que va a terminar.
Y que madurar implica entender que no todas las historias tienen un final feliz, pero que ello no las despoja de haber sido una experiencia inolvidable.

Debo reconocer que he llegado a una conclusión que me ha hecho fascinarme conmigo misma: No tengo ni idea de lo que estoy haciendo en la mayoría de aspectos de mi vida.
Y es una sensación maravillosa.

viernes, 6 de junio de 2014

One day, we will be remembered.

Todavía recuerdo la primera vez que escribí un texto de amor sobre mis amigos, como la mayor parte de gente a mi alrededor se confundió.
Tal vez no fuese el mejor motivo para escribir aquellas palabras, o no fuese exactamente lo que sentía (y creo que ésto responde a la pregunta de si todo lo que escribo es lo que realmente siento), pero puedo asegurar que esa sensación inspiró algunas de las frases más bonitas que he tatuado alguna vez sobre un papel. Fueron palabras simples y sinceras, y eso es lo que importa.
En ocasiones, creo yo, no tiene porque estar todo justificado y planificado, no tiene porque ser todo blanco o negro. No tienes porque hablar solo sobre amor en el sentido más romántico de la palabra, en mi opinión tiene muchos más sentidos. Al igual que el hecho de que algo haya terminado no quita que fuese una experiencia realmente hermosa, porque hubo un tiempo en el que era exactamente lo que querías.
Y reconozco que hace un tiempo que ya no siento la necesidad de escribir del mismo modo que antes, que busco recordar sentimientos con mis palabras, o que escribir simplemente sirve para evitar que las pronuncie. Sin embargo, aún así, me sigue pareciendo una buena forma de expresarse.

sábado, 10 de mayo de 2014

Séptimo tequila.

Hay días en que siento la necesidad de escribir, me reconforta hacerlo, pero no se realmente por donde empezar.
Creo que son cosas que ocurren cuando echas de menos a alguien, o has perdido a alguien, o tal vez tratas de olvidar a una persona (frase que, por cierto, siempre me ha parecido ridícula, porque nunca vas a conseguir olvidar a alguien si estás pensando en ello). Y sencillamente no tienes claro como deberías sentirte al respecto, porque no se trata solo de un sentimiento, sino de una mezcla caótica de sensaciones.
Que reconozco que duele, joder. Que a veces te pilla desprevenido, te quitas la coraza y entonces ocurre. Y en otras ocasiones vas perdiendo piezas hasta que no queda nada.
No trato de decir que todo se olvide (aunque en ocasiones sea así), que el tiempo pasa y que no hay porque derrumbarse. Cada uno tiene su propio método de enfrentarse a sus tormentos, a sus propias sensaciones, y yo soy partidaria de sentirlas, de experimentar el dolor y tratar de superarlo, de llorar, de romperse y reconstruirse luego. Lo que trato de decir es que está bien dejarse doler lo necesario, si es con el fin de superar un sentimiento. Porque es una sensación y, como tal, dejará de arder en algún momento.
Lleva tiempo. Eso sí.

Deberíamos aprender a dejar de mentirnos. Entender que si seguimos hablando sobre ello, es porque sigue importándonos.
Sin embargo, estoy segura de que cuando alguien se convierte solo en palabras, se queda en eso -y, en mi opinión, es la mejor forma de ser recordado-.

martes, 22 de abril de 2014

Love doesn't count after goodbye

Querido,

Se que ésta no es la mejor forma de iniciar una carta, pero tampoco tengo claro que se trate de una.
Es una forma de decirte, mi forma de decirte, que no trataré de despedirme, porque nunca se me han dado bien las despedidas, ni de darte un "hasta luego" del que no estoy completamente segura. Pero puedo jurar que espero que en algún momento, uno mejor, nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Que hayamos cambiado, pero sigamos siendo las mismas personas.
Y en ese momento sea capaz de decirte la falta que me has hecho, y todas esas palabras que han sido miradas en algún instante.
Supongo que se me da mejor escribir las palabras que pronunciarlas. Que prefiero las distancias a los finales. Y que espero que entiendas que tampoco tengo claro como pasar la última página.
Porque si algo tengo claro es que, a pesar de haber sido uno de esos libros en que no puedes evitar querer leer más y avanzar, no fui capaz de ver que cada página se encontraba más cerca del final.



sábado, 5 de abril de 2014

Otro abril.

Hay frases de películas, libros o canciones que te marcan, que recuerdas a pesar del tiempo y pueden encontrarse en la banda sonora de tu vida.
Esas frases, al menos a mi, me han guiado en momentos difíciles, llenos de dudas, o simplemente han sido la compañía más acertada en algún momento. Esa clase de momentos en que una emoción te hace pasar de 0 a 100 kilómetros por hora, en que algo te estremece o hace que se sientas ridículo, frustrado, feliz o confuso.
Esa clase de emociones que te enseñan a vivir, a sentir poco a poco y darte cuenta de repente. Y luego tal vez desaparecen de forma tan espontánea como han llegado a tu vida, sin dejar un rastro que seguir para volver a ellas.
Tal vez algún día sea capaz de escribir un libro entero sobre emociones más maduras, sobrias y duraderas (aunque nunca he creído que sea de esas personas que abandonan lo que sienten o piensan cada par de amaneceres), si llego a descubrirlas, pero por el momento me conformo con escribir sobre emociones traicioneras, intensas, confusas (y tan simples que ni siquiera te esfuerzas en entenderlas).




Creo que una de esas frases es: "Y rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que merece la pena hacerse añicos por esos sentimientos". -Albert Espinosa
¿Cuáles son las vuestras?

miércoles, 19 de marzo de 2014

19 de marzo

Cuanto más tiempo pasa, más consciente soy de como puede llegar a conocerse uno mismo.
He descubierto que soy experta en puntos suspensivos y en historias que nunca terminan de acabar (valga la redundancia). Que escribir para mi es como una especie de autocrítica, una forma de analizarme. Que no quiero conformarme con algo si se que puedo conseguir un mejor resultado, una mejor experiencia.
No es que sea inconformista. Sin embargo, no creo que la vida consista en conformarse con aquello que viene dado, en vivir ajeno a tu propia vida, sin pensar en aquello que sientes o intentar entender tus propios miedos. Porque tener valor, ser valiente, no creo que sea la ausencia de miedo.
Para mi es valiente aquella persona que tiene miedos, como todos, que duda antes de tomar una decisión, que se equivoca y se da cuenta de ello. Se trata en pensar en tus propios errores hasta llegar a no considerarlos errores (porque si hiciste algo fue porque querías y no tienes porque tratar de justificar tus decisiones).
Creo que las personas realmente valientes son aquellas que, a pesar de estar completamente atemorizadas, tienen fuerza para vivir e ignorar sus cicatrices, a pesar de saber como llegaron a marcar su cuerpo.