viernes, 23 de junio de 2017

Dicen que la risa lo cura todo, pero en realidad te sana quien te la provoca.


Nos pasamos toda la vida preocupándonos sobre el futuro, planeándolo, tratando de predecirlo e imaginando donde nos llevará el destino. Pero el futuro siempre cambia. El futuro es el hogar de nuestros mayores miedos y esperanzas llenas de locura.
Pero una cosa es segura, que cuando realmente se muestre: el futuro no se parecerá a aquello que habíamos imaginado.

Solo cuando pensamos que hemos descubierto como funciona el mundo, el universo lo convierte todo en un caos. Y es entonces cuando tenemos que improvisar. Encontramos felicidad en los lugares más insospechados. Nos encontramos a nosotros mismos volviendo a aquello que más nos importa.
El universo es divertido en ese sentido. En ocasiones es la forma de encontrar un camino de vuelta exactamente al lugar al que pertenecemos, a un lugar seguro, cálido y con aroma a hogar.

Aun así, todos queremos lo mismo: tiempo.
Más tiempo para levantarnos, tiempo para crecer, tiempo para olvidar, tiempo para atrevernos a lanzarnos al vacío o cumplir nuestras aventuras soñadas, tiempo para dedicar a ciertos aspectos o personas determinadas en tu vida. Tiempo para vivir.

Creo que es importante tomarte el tiempo necesario para decirle a la gente que te importa cuanto les quieres, mientras todavía puedan oírte.
Eso es todo lo que conseguirás. Momentos y recuerdos con las personas a las que quieres. Y ellas seguirán con sus vidas, y tu querrás que ellas sigan adelante, y te quedarás siempre con algo seguro, con esos momentos.


Nadie nos advirtió que echar de menos es el precio que tienen los buenos momentos.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Bailarinas alrededor del mundo

Creo que no soy la única a la que el fin de año le pilla desprevenida. Y es por ello que siempre termino haciendo un balance de los últimos doce meses, aunque tal vez en esta ocasión puedan computarse como quince.
Es difícil admitir que tal vez éste haya sido uno de los años más caóticos y agridulces de mi vida, por estar plagado de momentos increíbles y otros que, a pesar de poder calificarse también de increíbles, no se han teñido de la misma clase de sentimientos.
Reconozco que debo agradecer a estos últimos meses el haberme enseñado a valorar el tiempo y a aprovecharlo con personas que merecen la pena. Por haberme hecho abrir los ojos sobre lo limitado que es nuestro tiempo, por haber traído a mi vida a personas maravillosas y haber redefinido el concepto de familia. Porque a veces tu "hogar" se convierte en una o varias personas, e independientemente del lugar en que te encuentres, te sientes como en casa.
En cuanto a esto último, gracias, 2016, por haberme permitido viajar a lugares maravillosos y conocer distintos escenarios en que vivir nuevas historias.

Este año he aprendido a mejorar y superarme, a llorar y liberarme, a reír, mentir (porque he mentido en más ocasiones de las que debería reconocer), vencer miedos y continuar a pesar de que la siguiente página de la historia no se asemejase a lo que había pensado. He comprendido que en ocasiones alcanzas tus metas en compañías distintas, y que es curioso descubrir que ello puede ser incluso mejor que lo que habías planeado.
He aprendido que perdonar consiste en guardar un cuchillo tras tu espalda y no usarlo para herir a otra persona que te haya hecho daño. Y también que, a pesar de que algunas personas no merezcan perdón alguno, eres suficientemente fuerte como para superarlo sin permitir que te cambien.

2016, gracias por haberme enseñado que en ocasiones los mejores recuerdos nacen de las peores ideas, y que el dolor que pueda provocarte una buena decisión es minúsculo en comparación a lo que te ha hecho sentir -porque puede que algo no sea fácil, pero no por ello deja de ser bueno-.

Creo que no soy la única a la que el fin de año le pilla desprevenida. Y es por ello que siempre termino preguntándome que espero en el próximo año, aunque a pesar de ser una persona de esas a quienes les gusta conocer el final de una historia, en el fondo sigo queriendo sorprenderme.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Carta a mi yo futuro

Querida yo del futuro,
Me gustaría que invirtieses un poco de tu tiempo en mi, en ti misma, en la persona en que te has convertido y en quien solías ser.
Quiero pensar que algún día releerás esta carta, que dudarás de cuando o porqué la escribiste (reconozcámoslo, no será la primera ocasión en que te reencuentres con tus propias palabras y sonrías incrédula por no entender el motivo de las mismas), y sólo quiero decir al respecto que espero que recuerdes aquellos tiempos en los que tuviste que apoyar a las personas que te importaban (supongo que eso será suficiente).
No sé cuando ni con quien estarás leyendo ésto, pero necesito preguntarte algunas cosas, como si has viajado tanto como te gustaría, si sigues teniendo esas ganas de comerte el mundo -con todos y cada uno de sus rincones-, si se te eriza la piel con ciertas caricias y si estás rodeada de personas por las que valga la pena luchar. 
Quiero saber si has aprendido a parar el tiempo para recordar los momentos importantes, a quitarte el reloj en los momentos que valía la pena vivir. Si has sentido alguna vez la necesidad de huir, y si lo has hecho. Si sigues siendo tan preguntona como en el momento en que escribiste estas palabras.
Si sigues encontrando placeres en cosas tan sencillas como un ataque de risa o una tarde de sofá en buena compañía. 
Y, por encima de todas las anteriores, aunque sea una mezcla de éstas, si eres feliz, si has conseguido tus metas y has luchado contra aquellos que pretendían dificultarlas.
Ojalá hayas roto más veces a reír que a llorar, aunque ambos sean sentimientos por los que valga la pena hacerse añicos.
Dime que nadie te ha privado de nada -incluyéndote a ti misma en ese grupo-, y que has encontrado aquello que buscabas.

Llegados a este punto supongo que no hace falta que te recuerde las ganas de vivir que tenías, tus ganas de viajar, de sentirte segura, de luchar y de escribir. Ojalá sigan esas ganas en ti.

Se que se te hará raro que te escriba directamente, al igual que a mi en estos momentos. Soy tú con veintidós años y sólo pretendía hacerte recordar todos los momentos desde que escriba este texto hasta que tu lo leas (con la esperanza de que sigas siendo la misma persona, a pesar de que hayas cambiado con el tiempo).

Sin cera.
N

miércoles, 13 de julio de 2016

And end up dreaming instead of sleeping

Un gran escritor dijo una vez que siempre buscaba finales que merecieran una historia. Que cuando tenía un buen final, buscaba la historia adecuada.
Tal vez eso me haya pasado a mi en los últimos meses, que no encontraba un final sobre el que escribir, o que tal vez la historia nunca estuviese a la altura de ese final. Y no es que no tuviese nada que decir, sino que ya lo había dicho todo, o que no encontraba la forma adecuada de expresarme.
Hace un tiempo me preguntaron si me arrepentía de haberle dado importancia en mi vida a personas sobre las que había escrito y no pude evitar responder con una sonrisa. Nunca he sido partidaria de justificar mis decisiones ni de arrepentirme de ellas, si en algún momento he tomado decisiones ha sido por mi propia voluntad y no creo que sea correcto restar importancia a mis propios pensamientos (por ello intento, con todas mis fuerzas, no pensar en aquello que ya no puedo cambiar).
Las personas van y vienen. Algunas son como colillas de cigarrillos y otras como incendios forestales. Sobre esas personas he escrito, sobre los incendios forestales de mi vida, y creo que no hay mejor obsequio que recordar mediante palabras a alguien que te ha hecho crecer.
Tras veintidós años puedo afirmar que soy una persona que pasa página, pero que deja doblada la esquina. Me gusta recordar los momentos que han sido importantes en mi vida, aquellas situaciones que me han marcado o aquellas palabras o personas que han quedado gravadas en mi mente.

Cada día es una nueva oportunidad para convertirte en alguien nuevo, pero no debes olvidar qué te llevó a adoptar ese cambio. ¿Es esta la vida que quieres vivir?, ¿estás con la persona que realmente quieres?, ¿puedes ser una mejor versión de ti mismo?, ¿puedes ser más fuerte o apasionado en aquello que te importa?

Hazte las preguntas adecuadas, respira profundamente y decide.

sábado, 23 de abril de 2016

Abril

Y quizá podamos recorrer mil calles esta noche.
Sonreir a desconocidos.
Superar nuestro récord en chupitos de tequila.
Recordar aquellas veces en que el alcohol hizo que nos resultase difícil caminar. O como nuestras risas tampoco ayudaban a la situación.
Puede que las cosas hayan cambiado, e incluso que hayamos cambiado nosotros (porque todos lo hacemos, eso no puede negarse). Pero siempre quedarán en nuestras mentes esas noches interminables, esos días inolvidables, esas llamadas por el solo hecho de escucharnos la voz, esas lágrimas causadas por la risa y esas carcajadas que se iniciaron en un llanto.
Y siempre nos quedarán nuestras quinientas formas de revivirlo.

Esta copa va por ti, cariño, y por todas las que nos quedan por compartir.



No escribí el 17 de abril y no tengo excusa para ello, pero creo que es hora de crear nuevas fechas para recordar (y de dejar de odiar el mes de abril, aunque sea un poquito).

domingo, 3 de abril de 2016

3 de abril de 2016

No tenían demasiadas en común, por no decir que rara vez se ponían de acuerdo en algo.
Sus edades no coincidían, ni tampoco sus gustos musicales. Les costaba tener una misma opinión sobre algo, a pesar de intentar entender sus posiciones constantemente.
Él creía en los siempres, pero ella rara vez había conocido alguno.
Ella quería ser poeta, sin saber que en el fondo ella era un poema, y él encajaba en su vida como la rima perfecta.
Sus manos parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una con otra, con los dedos enlazados y mirando hacia la misma dirección.
Un día él le preguntó: "Y nosotros, ¿qué somos?". "Un desastre", respondió, sonriente, "una mezcla dulce y desastrosa".

Cualquiera en su sano juicio se hubiese vuelto loco por ella.


domingo, 21 de febrero de 2016

Camouflage

Claro que ya no somos los mismos.
El tiempo y la distancia han hecho de las suyas: nos han convertido en personas distintas con futuros separados y una historia en común. 
Nos han observado seguir caminos distintos, fracasar en algunos intentos y crecer con la mayoría de decisiones.

Y supongo que siempre es la misma historia. Te conviertes en un desconocido para alguien a quien conoces perfectamente. Porque su esencia no cambia, ni sus miedos, ni sus valores, pero te conviertes en un extraño (y a pesar de tener miles de cosas por decir, finges que nada importa).

Claro que los reencuentros son difíciles. Te obligan a afrontar situaciones arduas o frías. Te hacen recordar todo aquello que debería haber sido distinto. Te sorprendes a ti mismo pensando en como puedes sentir frío en los brazos que una vez te aportaron calor, en como ha desaparecido la confianza. Esa es la idea, justificarte en la distancia.

Claro que ya no somos los mismos, pero en ocasiones no puedo evitar pensar en lo que fue y no pudo, y en todo lo que podría haber sido.


(JP)


"La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, 
los de entonces, 
ya no somos los mismos".