domingo, 3 de abril de 2016

3 de abril de 2016

No tenían demasiadas en común, por no decir que rara vez se ponían de acuerdo en algo.
Sus edades no coincidían, ni tampoco sus gustos musicales. Les costaba tener una misma opinión sobre algo, a pesar de intentar entender sus posiciones constantemente.
Él creía en los siempres, pero ella rara vez había conocido alguno.
Ella quería ser poeta, sin saber que en el fondo ella era un poema, y él encajaba en su vida como la rima perfecta.
Sus manos parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una con otra, con los dedos enlazados y mirando hacia la misma dirección.
Un día él le preguntó: "Y nosotros, ¿qué somos?". "Un desastre", respondió, sonriente, "una mezcla dulce y desastrosa".

Cualquiera en su sano juicio se hubiese vuelto loco por ella.


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