martes, 19 de junio de 2012

Mine


-¿Sabes como leí una vez que se debía enamorar a una dama?- Me dijo, de repente, al verme entrar en la cocina. Esperé- Cocinando con ella, no para ella- sonrió y me guiñó un ojo. Como me gustaba esa media sonrisa.
-¿Todo esto es una queja por tener que hacer la cena?- Inquirí. Ambos nos reímos.
-Es una invitación a la cocina
-¿Y si la dama ya está enamorada?- le pregunté, acercándome a él.
-Nos saltamos un par de pasos- susurró, a escasos centímetros de mis labios, abrazándome.

Me alejé de su abrazo, me dirigí a la puerta y me giré a tiempo para susurrarle: “Entonces no tendrás ninguna queja por cocinar tu, monada”, a la vez que le guiñaba un ojo.
-Eres única- me gritó.
Suspiró.
Ambos nos reímos.

2 comentarios:

  1. Qué graciosa. Me ha gustado el diálogo. Aunque yo creo que no se puede enamorar a una dama. La dama se enamora sin querer.

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  2. Qué corto... ¡Pero qué divino! La simple imagen de ese momento... Ay, que me pongo ñoña. Ese amor tan jovial, tan natural... Tan perfecto. Yo quiero, quiero.

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